Sabemos que anteriormente también existió población judía en Jaén, pero actualmente es imposible ubicarla en ninguna zona concreta de la ciudad, ya que los judíos jiennenses tuvieron que huir a las ciudades de los reinos cristianos de Castilla, tras la invasión almohade, como veremos posteriormente.
Sí es necesario aclarar que, a pesar de no existir constancia de donde se ubicaba la judería en época musulmana, ese mismo Barrio de Santa Cruz tiene una morfología que coincide plenamente con la definición que Torres Balbás hace de los barrios judíos en las ciudades hispano-musulmanas: “barrios separados, calles apartadas y angostas y escasas salidas que se cerraban por la noche”. En base a esto, tampoco se puede eliminar la hipótesis de que la judería, en época musulmana, estuviera ubicada en el mismo lugar que durante la posterior dominación cristiana.
Continuando con la historia de los judíos en Jaén, decir que tras la caída del Califato de Córdoba, el territorio de éste se dividió en los llamados Reinos de Taifas. En ese momento Jaén pasó a depender del
Reino Zirí de Granada. La judería de Jaén será tras la de la capital (Granada), la más grande comunidad judía de ese reino, incluso por delante de Málaga. La judería jiennense prosperó mucho durante esa etapa histórica.
Será en el año 1.066 cuando un motín contra los judíos de Granada, dará comienzo a una etapa menos afortunada. En Jaén, su Gobernador, llamado Musakkan, se apoderó de las riquezas de los judíos jiennenses. Solo tuvieron ante ellos dos opciones: emigrar o pagar un elevado impuesto que les permitiera continuar viviendo en Jaén.
En el siglo XII, las persecuciones de los musulmanes almohades contra los judíos, harán que la aljama hebrea de Jaén parezca llegar a su exterminio, ya que se vieron obligados a huir hacia los territorios cristianos de Castilla, donde sus gobernantes les daban ciertos privilegios y podían vivir con relativa paz.
Las anteriores etapas de respeto y convivencia entre musulmanes y judíos habían desaparecido.
A partir de ese momento serían los cristianos los que, de nuevo, convivirían con los judíos españoles.
Será en 1.246, momento en que la ciudad es tomada por el Rey cristiano Fernando III El Santo, cuando pronto se volverán a ver judíos en Jaén como arrendadores de rentas. La judería de Jaén se recompone.
A finales de este mismo siglo, en 1.294, la judería de Jaén contaba de nuevo con un tamaño considerable. Es citada en el Padrón de Huete, pagando unos tributos no muy distantes de los de Córdoba. Esta es una prueba del desarrollo económico de la aljama hebrea de Jaén. Ya en esa época la judería jiennense estaría enclavada entre las parroquias de San Andrés y San Pedro
Durante el reinado de Pedro I “El Cruel” en los territorios castellanos, los judíos siempre estuvieron a favor de este monarca, especialmente en la significada guerra fraticida en la que se disputaba el trono con Enrique de Trastámara. Aquí es cuando surge la leyenda de “La Casa de los Rincones”, mencionada en el Capítulo anterior.
El Rey Pedro I “El Cruel” se verá obligado a pedir ayuda al reino musulmán de Granada, permitiendo a cambio de ese favor que cautivaran a los judíos de Jaén. Se sabe que en esa época la ciudad contaba con unas 300 familias, esto es aproximadamente unos 1.500 judíos, según nos dice José Luis Lacave en su libro “Juderías y Sinagogas Españolas”. No sabemos si todos fueron vendidos pero sí que fue una durísima prueba para la judería de Jaén.
En 1.391 la judería de Jaén fue asaltada. La chispa estalló en Córdoba el 15 de Marzo de ese año, Miércoles de Ceniza. Desde allí la tragedia se extendió, arrasando con todas las juderías jiennenses. Jaén, Ubeda, Baeza, Andújar... sufrieron la intolerancia.
De nuevo los judíos de Jaén tuvieron que elegir entre dos opciones: el exilio, huyendo al Reino Nazarí de Granada, o la conversión al cristianismo. Este es el momento histórico en que se produjeron en masa las conversiones de los judíos españoles, que pasaron a llamarse judeo-conversos o criptojudíos.
Estas conversiones en ocasiones fueron reales, seducidos y convencidos por la religión cristiana, la adoptaron y profesaron en verdad. En otros muchos casos las conversiones al cristianismo fueron ficticias, aparentando exteriormente ser cristianos pero conservando, en lo más profundo de su corazón, sus creencias religiosas y, en el más celoso de los secretos, la práctica de las mismas. Es la época de los falsos conversos, los “anusim” en hebreo, obligados al bautismo cristiano por causas de fuerza mayor.
La judería de Jaén se convirtió en un barrio de judeo-conversos. Una de sus sinagogas se convirtió en la que se llamó Parroquia de Santa Cruz. El escaso interés mostrado por los sacerdotes hacia ese barrio queda patente en el hecho de que esa parroquia sólo tenía culto cada tres meses.
La documentación posterior evidencia que la mayoría de esos judeo-conversos siguieron viviendo en el antiguo barrio judío. La mayor parte de los procesados por la futura Inquisición, al menos en sus primeros tiempos, serán judeo-conversos que vivían en ese barrio.
El barrio cambió de nombre recibiendo el de Santa Cruz, igual que en Sevilla y León. ¿Qué mejor nombre para cristianizar y borrar toda huella pagana de esa zona? Aún hoy, la calle principal de ese barrio sigue llamándose igual, “Santa Cruz”.
Los judeo-conversos siguieron recaudando las rentas de la corona y haciendo préstamos en clandestinidad. Estas acciones depertarían el recelo del pueblo y fueron preparando el terreno para los posteriores motines anti-judios.
El año de 1.473 traería otra vez la desgracia a los judíos de Jaén. De nuevo será Córdoba el lugar donde estallará la chispa, provocando que, el 21 de Marzo, el popular Condestable de Castilla D. Miguel Lucas de Iranzo sea asesinado por “cristianos viejos”. De este asesinato se culpará injustamente a los judeo-conversos, que tendrán que padecer uno de los momentos más horribles y virulentos de la historia de Jaén. La masa popular, enfurecida por el asesinato del Condestable, se dirigió hacia los barrios de los conversos para convertirlos en una verdadera carnicería.
Estas revueltas se caracterizaron porque no solo se persiguió a los conversos, sino también a los que los defendían. Ese fue el “pecado” del Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo que, viendo lo que estaba ocurriendo en Córdoba, intentó frenar cualquier atentado contra los cripto-judíos de Jaén.
Mariana, en su Historia General de España, refiriéndose al asesinato del Condestable Iranzo, dice lo siguiente:
“Esto fue la causa de que el odio y envidia de la muchedumbre se revolviése contra él de tal guisa, que con cierta conjuración que hicieron un día le mataron en una iglesia en que oía misa. La rabia y furia fue tan arrebatada y tal el sobresalto, que apenas dieron lugar para que Doña Teresa de Torres, su mujer, y sus hijos se recogiesen en el Alcázar”.
“Como el Condestable pusiese las rodillas para facer oración, uno del pueblo, que más cerca del se falló, le dio tan grande golpe con una ballesta de acero en la cabeza, que dio con él en el suelo, e todos los que cerca del estaban lo firieron con lanzas e espadas de tal manera que no quedó en él señal de persona humana, e luego todos juntos fueron a robar e matar los conversos”.
Sus asesinos quedaron impunes.
Una leyenda de Jaén, conocida como “La Leyenda Negra del Condestable”, nos cuenta que los asesinos del Condestable fueron juzgados y ejecutados por el propio rey Enrique IV. Esta leyenda no escatima la ocasión de desprestigiar a la figura del Condestable, atribuyendo el éxito y títulos del mismo a unos supuestos favores prestados a su rey en la alcoba real.
Todo un cuento chino. Probablemente se trata de una leyenda ideada para desprestigiar al Condestable Iranzo por el mero hecho de defender a los conversos.
Tan solo diez años después, en 1.483, se establece en Jaén el Tribunal de la Inquisición, tercero en España tras los de Córdoba y Sevilla. Que el tercer Tribunal de la Inquisición se ubicara en Jaén es señal inequívoca de la importante comunidad de judeo-conversos existente en la ciudad.
Los primeros cincuenta años de ese Tribunal se dedicaron con especial celo a la persecución de falsos conversos en todos los reinos gobernados por los Reyes Católicos. Sobre los judeo-conversos siempre pesó la sospecha de su posible práctica en secreto del judaismo. A partir de ese momento tendrán que ser todavía más precavidos para seguir practicando su religión y costumbres. La Inquisición los vigilará de cerca y la posibilidad de ser denunciados siempre estará acechándoles.
Entre esas actitudes intolerantes no podían faltar los insultos. Los judeo-conversos eran llamados por el resto de la población “marranos”, hecho que resulta desagradable plasmar en este libro y por el que es fácil sentir vergüenza ajena, pero no por eso deja de ser una realidad y una parte de nuestra historia que no debemos ocultar.
Será la época de los “sambenitos”, hábitos penitenciales con los que se vestía a los condenados por la Inquisición que después serían reintegrados a la comunidad. Los sambenitos se colgaban después en las iglesias con el nombre de la persona que lo había portado, “para que se perpetuara la memoria del pecado”.
Los sambenitos, por lo general, eran trajes amarillos con una o dos cruces diagonales pintadas sobre ellos. Los que habían de ser relajados en un Auto de Fe tenían que llevar puesto un sambenito negro con llamas, demonios y temas similares pintados en el mismo.
De ahí procede la célebre frase, “ya le han colgado el sambenito”, tan utilizada actualmente en nuestro país.
En los Autos de Fe se realizaba la lectura pública de las sentencias de los inquisidores, en presencia de los acusados y con gran cantidad de público y autoridades. Antes de la lectura de sentencias no faltaba una solemne misa y sermón. Las penas iban desde la confiscación de bienes, multas o destierro, hasta la obligación de llevar el sambenito. También se quemaban de forma simbólica a algunos condenados, eran “quemados en estatua”. En el mismo Auto de Fe eran entregados al verdugo los condenados a pena de muerte.
En los Autos de Fe se mostraba al pueblo todo el aparato ceremonial y poder del Tribunal.
Pocos años después llegó el detonante de tanta persecución y anti-judaismo. Los Reyes Católicos, el 31 de Marzo de 1.492, dictaron un decreto en el que ordenaron la expulsión de todos aquellos judíos que no quisieran abrazar el cristianismo.
Muchos judíos, hay quien dice que 300.000, salieron de España como consecuencia del cruel edicto. Llevaban, como mínimo, 15 siglos en nuestro país, su país. Durante generaciones guardaron las llaves de sus casas en aquellos países extranjeros que los acogieron, esperando el momento propicio para regresar a sus hogares y recuperar sus propiedades.
El destino no lo permitió. Ellos, a pesar de todo y como españoles que eran, mantuvieron su idioma, cantos, tradiciones... aún hasta hoy. Podemos resumir nuestro sentir al respecto con la frase que el Sultán Bayazit II de Bizancio, pronunció al recibir a los judíos expulsados de España:
“Cuanto España ha perdido lo he ganado yo”
A pesar de la expulsión, aún serán muchos los que permanecerán en nuestras tierras aparentando ser cristianos. En el siglo XVI seguirán las persecuciones contra ellos. Por esta razón, el Cabildo Eclesiástico de Jaén, imitando a ciertas cofradías de la ciudad, dictó una ordenanza en la que se vedaba la entrada a todos los que no acreditaran ser cristianos viejos, en los oficios y dignidades de su iglesia. El “cristiano viejo” era aquel que no tenía ascendencia judía ni musulmana.
Posteriormente en Toledo, el 23 de Julio de 1.547, en Cabildo de Canónigos de esa Catedral, se copió lo dictado en Jaén y nació el tristemente famoso “Estatuto de Limpieza de Sangre de la Catedral de Toledo”.
Vemos como la ordenanza de la Catedral de Jaén sirvió de modelo en Toledo, para la realización de esos lamentablemente conocidos “Estatutos de Limpieza de Sangre”, elaborados por el Cardenal Silíceo en 1.547.
El investigador Francisco Bueno nos dijo: “Estatutos de limpieza de sangre los hay anteriores, como el Estatuto de Sarmiento y otros que en realidad son más imprecisos y menos tajantes. Sólo que el Estatuto del Cardenal Silíceo, de Toledo, es el que en realidad fija y marca esas actuaciones. Luego otros le siguen. El Estatuto de Silíceo está inspirado en Jaén”.
Los Estatutos de Limpieza de Sangre, o pruebas documentales de no tener antecedentes judíos o musulmanes, serían necesarios para ingresar en muchos de los colegios mayores y universidades, así como en las órdenes religiosas y militares.
Los conversos judíos de Jaén siguieron ejerciendo las mismas profesiones: finanzas, banqueros, recaudaciones de rentas, médicos, boticarios, escribanos, comerciantes... y, sorprendentemente, con la misma fortuna.
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